Un salto hacia Europa

Un salto hacia Europa

Futuros emigrantes sueñan con una vida mejor en España, pero hay una única barrera terrestre que separa África de Europa: los 12 km de la valla de Ceuta y Melilla.

Melilla y Ceuta son ciudades españolas que se encuentran en la costa norteafricana. Solo la triple valla de seguridad, con hasta 10 metros de altura, separa a Marruecos y representa la frontera entre Europa y África. En 2020, más de 1 000 personas entraron de manera ilegal por dicha frontera.

Los inmigrantes que consiguen saltarla se hospedan inicialmente en un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. El de Melilla, situado a 100 metros de la valla, es un edificio de aspecto funcional, abarrotado y en el que escasea el agua potable. Después de varios meses son trasladados a la península, aunque algunos son devueltos a su país porque España tiene acuerdos bilaterales con ciertas naciones africanas. Todos ellos necesitan una amplia burocracia y, para ello, es importante contratar los servicios de una agencia de traducciones.

Un sueño común entre los miles de subsaharianos que intentan llegar a la frontera es jugar al fútbol. Muchos conocen España principalmente por este deporte. Para alcanzar su objetivo, viajan escondidos en vehículos, por agua o sorteando obstáculos. Después tratan de saltar la valla repetidamente, aunque la policía se lo impide, hasta que lo consiguen; a veces logran atravesarla por un agujero que se haya formado.

Su objetivo es la felicidad y una mejor vida para toda la familia. Por ello, a pesar de los controles, Ceuta y Melilla son un imán para aquellos que están dispuestos a aguantar de todo por conseguirlo. Los refugiados sirios también tomaban este camino hacia Europa, pero el fuerte control de Marruecos y España ha conseguido reducir el número de personas que logran llegar a las ciudades españolas. Al igual que para Turquía, el control de la migración por parte de Marruecos es una potente moneda de cambio con la UE.

El enfado del rey

En 2017, una gran cifra de inmigrantes logró saltar la valla fronteriza. Se declaró que parecía que la policía marroquí, rápidamente eficiente hasta ese momento, había ignorado estos intentos por completo. Muchos más inmigrantes llegaron a Ceuta en barco, saturando su CETI, mientras el gobierno español reforzaba la seguridad en Melilla. Algo pasaba. Se creyó que esta relajación en el control fue deliberada y causada por el desacuerdo del rey Mohamed VI  con una sentencia del TJCE. Esta sentencia no consideraba el Sáhara Occidental como territorio de Marruecos y el gobierno marroquí manifestó su preocupación por la decisión. Se insinuó que Rabat emplearía la migración como represalia y se mostró la inconformidad con Europa.

Más explícitamente, se advirtió a España de que, con la decisión del TCJE, podrían dejar de contenerse los flujos migratorios. Esto no sorprendió, ya que como hemos indicado, para Marruecos la migración se trata como moneda de cambio. Cuando hay un incidente, aumenta el número de personas que quieren cruzar la frontera.

No era la primera vez que pasaba. En 2014, la Guardia Civil interceptó el yate del rey en Ceuta y en los días siguientes hubo una oleada de inmigrantes.

Melilla

El clima favorece

Para restarle importancia a que el aumento de llegadas tuviese que ver la supuesta confrontación, el gobierno lo tomó como una casualidad. Un alto cargo señalaba que las condiciones meteorológicas y el mar en calma animaban a los migrantes a intentar la travesía. Hablaba, además, de las ayudas ofrecidas por Marruecos para que los subsaharianos se establecieran en el país. Con papeles de residencia y trabajo, se convirtió en un país de residencia en lugar de «trampolín» hacia el norte y Europa.

Esta acertada política, provocada por la cuestión del Sáhara Occidental, pretende dotar a Rabat del apoyo diplomático de los países del sur. Marruecos no solo utiliza la migración para tener una buena posición negociadora con Europa, sino también para tener mejores relaciones con otros países africanos.

Una travesía peligrosa

Aunque las condiciones de vida sean mejores en Europa que en el norte de África, los subsaharianos se quedan para evitar los problemas que puede suponer llegar a países como España. Continuamente fallecen inmigrantes que tratan de cruzar por mar o al pasar la valla. A veces el pánico conduce a la tragedia.

El alambre de cuchillas en lo alto de la valla causaba graves heridas a los que intentaban saltarla, pero desde 2020 se está sustituyendo por una corona cilíndrica. Además, hay que contar con que la policía marroquí espera y golpea a los que fallan en el intento.

No se dan por vencidos y lo intentan hasta que llega su día de suerte, aunque son conscientes de las dificultades. Algunos admiten que no lo recomendarían a sus familiares o amigos, pero entienden las necesidades de buscar la oportunidad de una vida mejor.

Estas personas tienen la ilusión de llegar a Europa y vivir un sueño que, como comprueban al llegar, no es real. Miles de subsaharianos llegan a la península con las autoridades españolas y a partir de ahí, tienen que ganarse la vida a duras penas.

En la mayoría de las ocasiones, pasan por numerosas dificultades, pero no importa. Todo les merece la pena con tal de salir de sus países y acabar con su precaria vida.

Fuente:

https://www.politico.eu/

Traducido por: Ana María Fariñas Ramos

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